Escondido entre las calles más tranquilas de Bakú, Çay Bağı 145 es uno de esos lugares que parecen descubiertos por casualidad y que terminan convirtiéndose en uno de los mejores recuerdos del viaje. Un pequeño jardín secreto lleno de alfombras tradicionales, luces cálidas y rincones donde el tiempo pasa mucho más despacio.
Al cruzar su entrada, el ruido de la ciudad desaparece. El aroma del té recién preparado, el sonido suave de las conversaciones locales y la atmósfera acogedora hacen que quieras quedarte horas sentado simplemente disfrutando del momento. Aquí el té se sirve en los tradicionales vasos armudu, acompañado de dulces típicos y una sensación de calma difícil de encontrar en otros lugares de Bakú.
Especialmente al atardecer, cuando las luces comienzan a encenderse y el ambiente se vuelve todavía más mágico, este rincón muestra una cara mucho más auténtica y humana de Azerbaiyán. No es un sitio turístico más. Es ese lugar que descubres casi por casualidad y después recomiendas a todo el mundo.